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Última actualización de la noticia: 22/06/2009
Un trastorno de conducta en ocasiones repentino nos puede poner sobre la pista de una posible demencia tipo Alzheimer. A veces eso puede suceder en una persona mayor de 60 años que de la noche a la mañana cambia su conducta de forma notoria, y se vuelve más impulsivo, irritable, desordenado e incluso desinhibido.
Hay personas que en un momento dado de su vida pueden
sufrir un cambio repentino de su conducta, y
que van ligados a la enfermedad de
Alzheimer, que puede modificar por completo unos
hábitos de conducta establecidos durante años, como
pueden ser conductas de celotipia, exceso de
celos de forma injustificada, o creer que alguien le
roba sus pertenencias, o que le han suplantado la
personalidad a un familiar, etc.
Estos trastornos son más propios de las fases
moderadas y avanzadas del Alzheimer, aunque también
hay casos que se han producido en las fases
iniciales, y ello comporta que haya pasado por
psiquiatría por culpa de un deterioro cerebral antes
de ser diagnosticado como Alzheimer.
Con la mediación actual para el Alzheimer se pueden
tratar estos síntomas, así que con los inhibidores de
la colinesterasa
y la
memantina que actúa sobre una sustancia química
del cerebro, pueden mejorarse estos síntomas, pero en
casos de urgencia se puede acudir a los fármacos de
psiquiatría.
Ante unos celos exagerados, en general se tarda en
acudir al médico, ya que no tiene conciencia de tener
esa conducta y por tanto es la familia la que debe
instarlo a acudir al especialista para evitar brotes
de irritabilidad y violencia, comenta el Doctor
Marcelo Bethier, Director de la Unidad de Neurología
Cognitiva y Afasia del CIMES (Centro de
Investigaciones Médico-Sanitarias) de la Universidad
de Málaga.
Cada Alzheimer se presenta de maneras diversas, ya
que el 30% de los afectados tienen unos trastornos
mentales que hacen difícil clasificarlos como
Alzheimer. Por ejemplo hay trastornos de conducta que
pueden acabar en Alzheimer que son la apatía,
la desgana, la falta de motivación, la ansiedad, la
irritabilidad y la
depresión, pero en las fases más avanzadas de la
enfermedad, los síntomas serían más claros y
vinculados al Alzheimer, ya que serían casos como el
vagabundeo, donde el paciente da vueltas sin sentido
por la casa, revisa papeles, abre y cierre cajones
sin orden, y luego habría casos en que hay un
trastorno del sueño grave, que duermen de día y están
agitados de noche.
Los familiares deben estimular a los pacientes cuando
tienen apatía, pero por otro lado deben calmar al
enfermo en los casos en que hay agitación e
irritabilidad, y luego en ciertos momentos los
cuidadores de estos enfermos deben intercambiar sus
papeles, ya que deben actuar con energía ante ciertos
brotes y con moderación ante otros síntomas, lo que
les conlleva un desgaste en su propia salud, y por
tanto llegar a enfermar por los cuidados imposibles
del paciente al que cuidan.
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