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Última actualización de la noticia: 11/04/2009
El tratamiento farmacológico de la depresión consiste en aplicar esos fármacos de primera elección, que son los inhibidores selectivos de recaptación de serotonina, y que son los más usados y efectivos a nivel mundial. En el 80% de los casos las depresiones se detectan a tiempo, pero lo más importante es atreverse a tratarla, ya que muchas personas saben que tienen ese problema, pero antes de ponerse en tratamiento farmacológico que les da cierto respeto, prefieren empezar con vitaminas, un cambio de vida, unas vacaciones y el pensar que con menos estrés ya se les pasará.
Los fármacos actuales, pese a afectar al cerebro, son
absolutamente seguros, no producen lesiones ni son
adictivos, y ese enfermo debe saber que no puede
controlar voluntariamente su conducta y por tanto debe
tratarse.
La
ansiedad es la antesala de la depresión, a veces
acompañándola, y con los mismos fármacos se tratan las
dos enfermedades, ya que es mejor hacer ese tratamiento
conjunto que no mirar de tratar las dos enfermedades
por separado. Los inhibidores tienen muchas acciones
sobre el cerebro humano, ya que son antidepresivos,
ansiolíticos, y también son antiobsesivos y
antiimpulsivos.
En los últimos años, gracias a las investigaciones
llevadas a cabo en el campo de la neurología, se ha avanzado en la
búsqueda de un fármaco que evite el uso masivo de
pastillas y la necesidad de tener varios tratamientos
conjuntos.
El paciente debe estar bien rodeado de médicos, de un
entorno saludable, y con la seguridad de saber que en
semanas notará cambios en su estado, y hacer la primera
valoración real a los 6 meses, ya que sería el
tratamiento mínimo, y en otros casos, pues puede tener
un tratamiento de por vida.
Estos fármacos que no tienen efectos secundarios no son
del todo reales, y en el caso de estos inhibidores,
pues se circunscriben a una serie de molestias
gástricas o digestivas en las primeras semanas de uso,
y luego a largo plazo normalmente puede dar ciertas
disfunciones sexuales, pérdida del apetito sexual, y
para ello bien se reducen las dosis o bien se
incorporan otras terapias para reestablecer el deseo
sexual, como pueden ser terapias vacacionales o bien el
uso de pastillas tipo viagra.
La persona con depresión, angustiada o que no está bien
anímicamente no tiene ganas ni de besar ni de que le
besen, perdiendo con ello una calidad y calidez
emocional que es el contacto con los labios y nuestra
boca, que son aquellas partes de nuestro cuerpo que
reciben más neuronas por parte del cerebro. Los besos
apasionados, de enamorado, tienen efectos analgésicos y
antidepresivos sobre la persona, si bien esta idea
debería ser refrendada por algún estudio bioquímico
para demostrar esta premisa.
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